miércoles, 1 de mayo de 2013

Quien sabe cual de los dos es mas Don Quijote de los dos ya que cada uno está mas loco que el otro... aveces yo soy el escudero, y en otras tú. En ocasiones somos un puño cerrado y en otras una mano abierta. No nos ha tocado luchar en un muro de escudos, o en una barricada esquivando balas, pero a nuestra manera, luchamos juntos. En nuestra tierra natal o separados por una gran distancia, siempre hermanos.

Apátrida

domingo, 3 de marzo de 2013

No sé si es una mujer lo que veo




Es esa belleza de la disformidad. Esa asimetria mágica donde un agujero no corresponde al de al lado. Esos labios se retuercen en esa sonrisa que perturbaría al Papa de Roma. Tu cuello se convierte en algo difícil de alcanzar, y mientras bajo a la carretera de tu infierno, tus manos me someten a ti.

martes, 12 de febrero de 2013

El Lobo Estepario

El Lobo Estepario; Hermann Hesse
Yo voy, lobo estepario, trotando por el mundo de nieve cubierto; del abedul sale un cuervo volando, y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto.
Me enamora una corza ligera, en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso; con mis dientes y zarpas de fiera destrozara su cuerpo sabroso.
Y volviera mi afán a mi amada, en sus muslos mordiendo la carne blanquísima y saciando mi sed en su sangre por mi derramada, para aullar luego solo en la noche tristísima.
Una liebre bastara también a mi anhelo; dulce sabe su carne en la noche callada y oscura. ¡Ay! ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo de la vida la parte más noble y más pura?
Vetas grises adquiere mi rabo peludo; voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres; hace tiempo que ya estoy sin hogar y viudo y que troto y que sueño con corzas y liebres que mi triste destino me ahuyenta y espanta. Oigo al aire soplar en la noche de invierno, hundo en nieve mi ardiente garganta, y así voy llevando mi mísera alma al infierno.

entre tripi y tripi....

Es en ese momento tan carpe diem, en el que ninguna sustancia invade tu cuerpo mas que tu propio vértigo hacia un mundo exterior. Buscas ese fuego purificador que engrose las filas de tu razón y te lleve por buen camino, antes de liarte a tiros con la gente. El problema muchas veces es lo inoportuno de la falta de esa empuñadura que no sientes en tu mano. La falta de ese cañón, se convierte en una frustración, y esto se multiplica, cuando el cañón no es correcto. No se debe matar, no se debe amar demasiado, no puedes destruir lo que no has creado. Quieres disparar hacia la ventana, que los miles de pedazos del cristal se evaporen en tu mente y te transporten a través de los tejados hasta donde descansan las gatas callejeras. Que todo se resuma en un pequeño extasis y el PUM sea el dulce billete de ida y nunca de vuelta.

Apátrida